EL «MAL» COMPORTAMIENTO INFANTIL

Antes de empezar quiero dejar claro que cuando hablo de «mal comportamiento», me refiero a esos comportamientos infantiles que tanto nos molestan a los adultos como las rabietas, malas contestaciones, faltas de respeto, faltas de cooperación, etc y demás retos a los que nos enfrentamos en el día a día con los niños. Nunca, nunca, me refiero a mal comportamiento como que los niños se portan mal. Los niños se portan de determinada manera según la creencia que se forjan. Vamos a verlo.

Alfred Addler y Robert Dreikus, padres de la Disciplina Positiva, fueron dos psicoterapeutas que se centraban en la psicología individualista y la educación democrática respectivamente. Ellos y, por tanto, la Disciplina Positiva, defendían que el ser humano tiene como máximo objetivo la conexión y la pertenencia al grupo, sentir que somos importantes y que contribuimos al bienestar del grupo. Los niños, además, tienen esa necesidad mucho más acentuada por aquello de la supervivencia, y buscan la conexión con el adulto según le permite el momento evolutivo en el que se encuentra y la experiencia vivida.

“Un niño que se porta mal es un niño desalentado” Dreikus.

Los niños se pasan la vida preguntándose ¿Quién soy? ¿Cómo es el mundo? ¿Cómo son estas personas? … Preguntas que se contestan a sí mismos según sus experiencias vividas, sus percepciones, sus relaciones, nuestros mensajes… Con el filtro de su mirada, pasa de ser “la realidad”, a ser “su realidad”.

Así, podemos concretar que el comportamiento de los niños viene determinado por:

  1. Percepción: percibimos nuestra realidad a través de los sentidos.
  2. Interpretación: interpretamos nuestras percepciones basándonos en nuestro sentido de pertenencia.
  3. Creencia: construimos nuestro sistema de creencias.
  4. Toma de decisiones: a través de los tres pasos anteriores (y por ese orden), el niño toma la decisión sobre lo que necesita para pertenecer y sentirse importante, por lo que, en realidad, el mal comportamiento no es más que un mensaje oculto. Aprendamos a descifrarlo.

Según Dreikus, el niño, en su afán de conectar con el adulto, utiliza cuatro creencias erróneas.

LAS METAS EQUIVOCADAS

A continuación vamos a ver las cuatro metas equivocadas de las que nos habla Dreikus incluyendo, no sólo el comportamiento del niño, sino también qué sentimientos generan en nosotros y qué podemos hacer al respecto.

Vale, eso está muy bien, pero si tengo que averiguar qué le motiva a comportarse de una manera u otra, ¿cómo lo hago? Pues aunque parezca una locura tenemos que descubrir qué sentimiento nos provoca esa conducta para poder seguir descifrando el código (por eso también te hablo de los sentimientos que nos genera en el adulto).

1.- Atención excesiva

  • Comportamiento del niño

Hablamos de un niño que en un momento dado se pone pesado, reclama atención constante, se muestra exigente, fastidioso…

  • Sentimiento del adulto

Nos sentimos molestos, irritados, preocupados o culpables

  • Creencia detrás del comportamiento: Sólo me tienen en cuenta cuando se fijan en mí o tengo un trato especial.
  • Mensaje oculto del niño: Estoy aquí, involúcrame de forma útil.
  • ¿Qué podemos hacer?

Escuchar lo que te cuenta con atención, programar un tiempo especial con él, establecer contacto sin palabras (tocar al niño mientras terminas lo que estabas haciendo), enséñale a hacer las cosas por si mismo, disfruta de su compañía, establece rutinas, redirecciona involucrándole en una tarea útil (te quiero y pasaré un rato especial contigo cuando termine lo que estoy haciendo. Mientras ¿quieres ayudarme a cortar la verdura?)

2.- Búsqueda de poder.

  • Comportamiento del niño

El niño se muestra desafiante, se niega a hacer lo que le pedimos o lo hace cuando él quiere.

  • Sentimiento del adulto

Nos sentimos provocados, desafiados, amenazados, derrotados.

  • Creencia detrás del comportamiento: Sólo me siento importante cuando yo mando o tengo el control. No puedes obligarme.
  • Mensaje oculto del niño: Déjame ayudar, dame opciones.
  • ¿Qué podemos hacer?

No pelear, ni entrar en luchas de poder, pero tampoco ceder; pedirle ayuda (no puedo obligarte, pero me gustaría que recogieras tu habitación); retirarnos y tranquilizarnos; ser firmes y amables al mismo tiempo; enfocarnos en soluciones.

3.- Venganza.

  • Comportamiento del niño

Nos encontramos ante un comportamiento vengativo, grosero, hiriente, destructivo…

  • Sentimiento del adulto

Nos sentimos heridos, decepcionados, incrédulos, indignados..

  • Creencia detrás del comportamiento: No les importo. Me han hecho daño, así que yo haré lo mismo. No me merezco el cariño de nadie.
  • Mensaje oculto del niño: Reconoce y valida mis sentimientos, estoy dolido. No me comprendes.
  • ¿Qué podemos hacer?

Reconocer y validar sus sentimientos; centrarnos en los aspectos positivos; no usar castigos ni represalias; pide perdón si te has equivocado; sé cariñosa; dile cuanto le quieres pase o que pase.

4.- Insuficiencia aprendida

  • Comportamiento del niño

Nos encontramos ante un niño que ha asumido que no puede, ausente, pesimista, sin iniciativa, indiferente…

  • Sentimiento del adulto

Nos sentimos desesperados, impotentes, incapaces, inútiles como padres…

  • Creencia detrás del comportamiento: No importa que lo intente, soy inferior a los demás, no lo haré bien, no quiero decepcionar a nadie, es mejor que no esperen nada de mí.
  • Mensaje oculto del niño: No tires la toalla, enséñame paso a paso. Confía en mí.
  • ¿Qué podemos hacer? No te rindas, demuéstrale que confías en él; recuérdale sus logros, anímale a practicar cuanto sea necesario, pero no lo hagas por él; cultiva tu paciencia; aliéntalo.

Espero que con esta entrada te haya quedado un poco más claro cómo funciona el comportamiento infantil y puedas comprender un poco mejor a tus hijos acordándote de ese mensaje oculto tras el comportamiento no deseado.

Te invito a conocer este tema en más profundidad en los talleres que organizo regularmente de Disciplina Positiva que puedes ver en mi web www.educatnos.com

Ya sabes cómo funciona esto, si comentas o compartes me ayudas un montón y, además, puedes ayudar a alguien haciéndole llegar una información que igual le resulta útil.

Gracias por leerme,

Raquel.

 

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