CINCO FRASES QUE DEBERÍAMOS EVITAR DECIR A NUESTROS HIJOS

¡Hola a todos!

Hoy vengo con una entrada que se me ocurrió en la última charla que di viendo las caras de sorpresa de muchos padres y madres al decirles que el uso de las frases de las que hoy hablaremos era contraproducente.

Son frases que usamos muchísimo en el día a día con nuestros hijos, bien porque las tenemos muy interiorizadas, bien porque no sabemos qué otra cosa decirles o bien, porque no nos hemos parado a pensar el efecto que tienen en su desarrollo emocional.

  • Muy bien. Es la frase típica por excelencia que usamos cuando queremos reforzar un comportamiento en nuestros hijos. Siempre nos han dicho que reforcemos las conductas que queremos potenciar elogiándolas. Que en lugar de remarcar lo negativo pongamos el énfasis en lo positivo. En cierto modo estoy de acuerdo, pero es que el muy bien lo decimos para todo: cuando aprenden a andar, cuando dicen una palabra, cuando se comen la comida, cuando se sientan, cuando saludan, cuando hacen una torre, un dibujo… ¿Y qué tiene de malo? Pues nada más y nada menos que lo que les estamos enseñando a nuestros hijos es a hacer las cosas por satisfacer a los demás, no por satisfacción propia ni por superarse a sí mismos. Podemos sustituirlo por frases como: sabía que podías hacerlo; confío en ti; con la práctica todo se consigue; veo que te has esforzado…

  • No pasa nada. Esta frase la utilizamos con la mejor intención del mundo intentando calmar y consolar a nuestros retoños, pero pongámonos en su lugar…imaginemos que nos caemos y nos hacemos daño, ¿de verdad no pasa nada? Imaginemos que viene un desconocido y nos coge el bolso sin permiso, ¿de verdad no pasa nada? Como siempre os digo, sed empáticos con vuestros hijos y antes de hablar pensad qué palabras os reconfortarían en esos momentos. Podemos probar con frases como: te debe doler mucho; si yo me hubiera caído así también me hubiera hecho mucho daño; entiendo que te moleste que ese/a niño/a te haya cogido la pelota sin permiso…

  • Hay que compartir. Otra creencia muy extendida. Una de las cosas que más nos preocupa como padres es la capacidad de compartir de nuestros hijos, por la sencilla razón de que socialmente está visto como un signo de educación y amabilidad. Pero, ¿lo hacemos nosotros?¿Por qué obligamos a nuestros hijos a compartir sus cosas? Si viene un compañero de trabajo y te coge el móvil sin permiso para trastear con él, ¿cómo reaccionas? No les obliguemos a compartir si ellos no quieren hacerlo. Aprenderán a compartir con nuestro ejemplo, viendo cómo compartimos nosotros teniendo en cuenta el apego que tenemos al objeto en cuestión y la persona que nos lo pide. Pensad que si cogemos el objeto y se lo prestamos al otro niño sin que nuestro hijo quiera, el mensaje que éste percibe es que permitimos que le quiten lo suyo, que no puede decidir sobre sus cosas y que preferimos contentar al otro niño, aunque eso signifique hacerle infeliz a él.

  • Estáte quieto, ya lo hago yo. Reconozco que muchas veces vamos con prisas, estamos cansados o simplemente no tenemos un buen día y es mucho más fácil y rápido hacer nosotrps las cosas en lugar de dejar que las hagan ellos. Pero con esta frase, muy de padres y madres, el mensaje que les estamos lanzando no es otro que “no eres capaz de hacerlo”. Así, sin exageraciones. Este es el mensaje que perciben nuestros queridos hijos cuando les decimos esto. Respiremos hondo y adaptémonos a su edad. Por ejemplo, si tiene 2-3 años y quiere ponerse solo el agua podemos ofrecerle una jarra pequeña adaptada al tamaño de su mano, o decirle que si quiere ponerse solo el agua nos avise y le ayudaremos.

  • Si no haces esto te vas a enterar. En este caso estamos utilizando el miedo y la amenaza para conseguir que nuestro hijo cambie su comportamiento… ¿es eso lo que queremos como padres/madres? ¿Queremos que nuestros hijos nos tengan miedo? Pensad que con esta frase, además de dañar el vínculo con nuestros hijos, les enseñamos a conseguir lo que queremos a través de la intimidación, y ése es el patrón que reproducirán cuando quieran conseguir algo en sus relaciones interpersonales, no sólo siendo niños, sino también cuando sean adultos. En este caso hay que aprender a negociar con ellos utilizando técnicas asertivas en las que todos salimos ganando.

Como veis, todas estas frases tienen un denominador común: se centran en el niño como un todo en lugar de centrarse en su comportamiento, que es precisamente lo que queremos cambiar o reforzar. Tenemos que esforzarnos por centramos en lo que ha hecho nuestro hijo evitando el miedo, la fuerza, la culpa, el chantaje, etc., porque con ello lo que hacemos es expresar que el problema es nuestro hijo, no su comportamiento, cuando es justo lo contrario.

Y hasta aquí el post de hoy, espero que os haya gustado. Gracias por leerme y ya sabéis que si compartís, le dais al “me gusta” o me dejáis vuestros comentarios os estaré muy agradecida.

Un abrazo,

Raquel.

 

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Raquel Ripoll

Educa-t-nos surgió con la intención de dar respuesta a las necesidades de padres e hijos, educativas o sociales que afectan al bienestar familiar. En Raquel Ripoll doy un paso más. Te lo cuento todo en Sobre mí

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